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Razones para ser católico – Parte II

UPDATE: Después de leer este post (y quizá otros también), usted puede pensar que no tolero a otros cristianos, o pienso que están totalmente equivocados y perdidos, y no se van a salvar. Esto está lejísimo de lo que pienso al respecto. Por favor, lea el siguiente comentario donde hago una aclaración al respecto.

Después de los comentarios de Juan y Leo en mi post anterior, estaba por escribir uno para seguir la discusión, pero éste se hizo muy largo y pensé que era mejor escribirlo en un nuevo post. Ahí va, directamente como lo terminé de escribir:

Juan y Leo, muchísimas gracias por dejar sus comentarios.


Juan, si no me equivoco, tu comentario encajaría mejor en un post como el que escribí hace un tiempo, titulado “Razones para ser ateo”, y que está acá. Si tenes un tiempo, te invito a que lo leas. Creo que ahí vas a encontrar mi respuesta a alguna de tus afirmaciones.

El Génesis no da datos científicos sobre la creación del mundo (para eso tenemos, por ejemplo, la teoría de la evolución). Su mensaje profundo es que Dios creó al hombre, y que la mujer es de la misma naturaleza que el hombre. Ésta respuesta del padre Miguel Fuentes te puede ayudar (todavía no la leí, pero ya la agendé).

Yo creo que hay que estar preparado para leer el Antiguo Testamento (y la Biblia en sí). En él hay muchos géneros literarios (como el apocalíptico) que no estaría bien interpretarlo sin ubicarse en el contexto histórico, y con un gran conocimiento sobre la cultura hebrea. Así como el autor sagrado escribió sobre Adán y Eva para comunicar que Dios creó al hombre y a la mujer, quizá de la misma forma Dios, a través de algún hombre, quiso hablar a su pueblo con la historia de Noe, para decir algo concreto con imágenes. Hay que recordar que ese pueblo tenía una forma de pensar muy distinta a la nuestra en esos tiempos… Dios tenía su forma de hablarles y enseñarles. Tendríamos (quizá ustedes ya lo han hecho, yo no) que hablar con algún teólogo para que nos explique estas cosas.

En general, estoy de acuerdo con lo que decís de Lutero. Él se decía a sí mismo en su obra “Conversaciones de sobremesa”: “Estás destruyendo lo que hasta ahora ha admitido la Iglesia como cierto durante tanto tiempo; con tu doctrina estás minando el orden espiritual y temporal”.

Un razonamiento quizá muy simplificado, pero que me parece válido, es que el protestantismo nació hace unos 500 años. El catolicismo está hace 2000 años. Si la Iglesia Católica (de la cual se separó Lutero, que era un sacerdote agustino) que estuvo esos 1500 años anteriores, enseñó mal, con errores, entonces (me parece que se puede deducir esto) Jesús ha fallado: podemos decir que no sabemos nada de él. ¿Quién dice que el mensaje no se haya corrompido en estos siglos? ¿Quién dice que no hayan cambiado la Biblia original por enseñanzas que eran convenientes para algunos en cierta época? Las puertas del Infierno han prevalecido sobre ella, ha inducido al error a muchos hombres, y no es cierto lo que les dijo Jesús una vez a los apóstoles: “yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos”.

Con respecto a las “cuestiones morales interesantes”, realmente es dura esa cita que colocás (la de Corintios). Una lectura superficial resulta dura para un hombre de nuestro tiempo. Pero eso (la interpretación cruda que hago yo por lo menos) no es lo que enseña la Iglesia con respecto al trato a las mujeres. Y justamente una de las tareas de la Iglesia es transmitir el mensaje de Jesús actualizado. Hace 50 años las personas pensaban distinto. Hace 500 años pensaban muy distinto, y mucho más diferente era su forma de concebir las cosas hace 2000 años. Y es importante decir también que la Biblia tiene un componente divino y uno humano (o sea que es inspirada por Dios, pero también está impregnada de la cultura del hombre de esa época). No es un libro fácil, para nada. Si te acercás a él sin buscar explicaciones en gente formada y autorizada (como un buen sacerdote o teólogo) podés caer en interpretaciones erróneas.

Yo no tengo fe porque “si”. Simplemente lo que para mí es un buen argumento para vos no lo es. Soy consciente de que la fe no viene de la razón, pero sostengo que hay muchas razones para creer. Como decía en mi post sobre los ateos, y esto es lo que creo detectar en muchos de ellos, creen saber cómo debería ser y actuar Dios (“si Dios existe, entonces ¿por qué no les mandó un Jesús a los aborígenes de América para que se salven?”). Como Dios no es o no actúa como ellos creer que debería ser o actuar, entonces Dios no existe. O como la Iglesia viene supuestamente de Dios y no es perfecta, sino que encontramos en ella situaciones de pecado, entonces Dios no existe y todo es una mentira. Pero… ¿y si Dios es otro del que pensamos que es? ¿si realmente actúa de una forma a veces poco entendible para nosotros? ¿El no es acaso, justamente Dios (o sea, perfecto, infinitamente sabio)? ¿Nosotros somos dioses también, estamos a su altura, que tenemos que entender todo lo que Él haga? ¿No será aquí más que nunca, verdad eso de que “los pensamientos de los hombres no son los de Dios”? Si Dios hace algo que yo no entiendo, ¿entonces está equivocado, no existe…?

…y con respecto a los pecados que hay en la Iglesia: recordemos, como lo hace Casanova en el video, a los apóstoles: Pedro que negó a Jesús tres veces. Judas que lo entregó. Santiago y Juan que se peleaban por los primeros puestos. Y todos… que lo abandonaron en la cruz. Conclusión: todos tenemos nuestro lugar en la Iglesia, a pesar de nuestras imperfecciones.

No me parece que George Carlin sea un tipo a quién tomarle la palabra en estas cosas. Simplemente hace humor y ridiculiza todo, con una imagen rara de Dios. He visto a varios como él. Es lo que decía antes sobre creer saber cómo es Dios y cómo debe actuar: las Iglesias necesitan dinero para sostenerse, para formar a sacerdotes, para comer, etc. ¿Por qué Dios, que es perfecto y todo poderoso no hace aparecer dinero en las Iglesias? Ese sería el pensamiento nuestro sobre Dios. Como Dios no hace aparecer dinero, entonces o no existe, o todo es mentira. Si Dios fuese como algunos ateos creen que debería ser, entonces realmente no seríamos libres, sino que Él se mostraría a nosotros sin que podamos dudar, y así deberíamos creer forzadamente. Pero ¿y qué tal si Dios no es así? ¿Qué tal si Dios hizo al hombre libre y deja que él tome libremente sus decisiones, siempre tratando de guiarlo, poniendo personas en su vida, y todas esas formas que tienen de llegar a uno…? ¿Qué tal si en vez de ser un gritón y decir “¡acá estoy!” es más bien alguien que susurra a quienes les buscan?

Leo, creo que yo no me limité simplemente a decir lo que creo, sino también a poner links a videos con los argumentos, aclarando que el video presente en el post es simplemente una entrevista, y obviamente no toca con profundidad todos los aspectos. Fernando Casanova explica muy bien (a mi parecer) los dogmas de fe católicos en su programa “Estoy en Casa”, que los podes encontrar en YouTube. El padre Miguel Fuentes, en su libro ¿En dónde dice la Biblia qué…? Respondiendo las principales objeciones de las sectas y de los protestantes… bueno, no hace falta que aclare de qué se trata el libro. Simplemente decir que es excelente.

Hay muchas cosas que decir del Papa, la Virgen, la Tradición Apostólica, etc… seguramente vos tendrás muchas cosas para decir, y yo también las tengo. He escuchado y leído muy buenos argumentos a favor de lo que enseña la Iglesia Católica, y he escuchado muchos testimonios de conversión al catolicismo, no sólo Fernando Casanova, sino también otros como Bob Sungenis y James Akin, que tienen argumentos, a mi parecer (que no soy teólogo ni nadie especializado en el tema… estoy estudiando Ingeniería en Sistemas en Santa Fe) tienen sentido y son válidos.

Ojalá no te ofendas (ni nadie que lea esto) por lo que voy a colocar abajo, simplemente creo que los argumentos son buenos y pienso que tengo que decirlos. A mí me gustaría que me digan si estoy equivocado en algo tan importante para uno como su fe.

No estoy de acuerdo ni en sintonía con relativizar las creencias religiosas. Digo esto porque para muchos está bien si somos católicos, agnósticos, o judíos… no importa (lo cual se traduce, me parece, a un desprecio por la verdad). En realidad, no podemos estar todos en lo cierto. O Jesús instituyó la Eucaristía o no lo hizo. O es Dios o no lo es. No pueden ser ciertas todas estas afirmaciones (que se contradicen) al mismo tiempo. Y por lo tanto, no podemos pensar que todas las religiones (incluyo también aquí al ateísmo) son verdaderas. Sería como decir que “si” y “no” son iguales.

Por todo esto me parece importante decir todo lo que digo. Se que puede sonar duro e incluso ofensivo para algunos, pero seguramente será de utilidad para otros. En definitiva, no es más que decir lo que pienso que es la verdad. Y creo que lo digo con respecto.

En fin, “eso” que quería colocar era lo siguiente, unas palabras del nombrado Bob Sungenis, un ex pastor protestante, sobre el principio protestante de Sola Scriptura, y otro comentario de James Akin sobre el Papado. Las saqué del libro de Miguel Fuentes que nombré arriba. Cabe aclarar, que es una pequeña parte del mismo. Todos los temas controvertidos (dogmas de fe católicos, incluso sobre los principios protestantes y el Papado) están explicados extensamente en el libro. Ésta es simplemente una reflexión breve de Sungenis y otra de Akin que Fuentes cita:

Bob Sungenis sobre Sola Scriptura:

Al hojear la pila de libros católicos que (unos amigos ex protestantes convertidos al catolicismo) me habían enviado, lo primero que examiné fue la idea protestante de sola scriptura, la noción que sólo la Biblia tiene autoridad. Fue como una cachetada en la cara cuando me di cuenta de la verdad de la reivindicación católica que sola scriptura es una doctrina falsa, una tradición de los hombres. La Biblia (y por extensión sola scriptura) fue la doctrina a la que dediqué mi vida. Al estudiar la enseñanza católica contra sola scriptura me di cuenta, instintivamente, de que todo el debate entre el catolicismo y el protestantismo podría resumirse en el concepto de la autoridad. Cada doctrina que uno cree está basada en la autoridad que uno acepta. Decidí comprobar esta teoría de los Reformadores pidiéndole a muchos estudiosos y pastores protestantes que me ayudaran a encontrar sola scriptura en la Biblia. En esta etapa, no me sorprendió que ninguno pudiera darme una respuesta convincente.

Me citaban versículos que hablaban de la veracidad e imposibilidad del error en la Biblia, pero no me podían citar una frase que dijera explícitamente que las Escrituras son las únicas que tienen formalmente autoridad suficiente.

Curiosamente, algunos de estos protestantes tuvieron la honestidad de admitir que en ningún sitio de la Biblia se enseña sola scriptura, pero compensaban esta laguna diciendo que la Biblia no tiene que enseñar sola scriptura para que la doctrina sea cierta. Pero yo me di cuenta de que esta posición era insostenible. Porque si sola scriptura –la idea que la Biblia es formalmente suficiente para los cristianos– no es enseñada en la Biblia, sola scriptura es una propuesta falsa y contradictoria en sí.

Al estudiar las Escrituras a la luz del material que me había sido enviado, empecé a ver que la Biblia señala a la Iglesia –y no a sí misma– como la máxima autoridad en asuntos doctrinales y espirituales (cf. 1Tim 3,15; Mt 16,18- 19; 18,18; Lc 10,16).

(…) Reconocí que la Biblia, aunque contiene la revelación inspirada por Dios, no puede ser la ‘autoridad’ máxima, pues depende de personas que razonan para observar lo que dice y, más importante aún, para interpretar lo que significa. Además, sabía que la Biblia nos advierte que contiene información difícil y confusa que puede ser (si no tiende a ser) tergiversada en un sinfín de interpretaciones falsas e imaginarias (cf. 2Pe 3,16).

Durante los años que anduve perdido en el desierto teológico del protestantismo, siempre supe que había algo equivocado, pero no sabía exactamente qué. Ahora empezaba a enfocar el problema y a discernir las partes del rompecabezas. Mientras más profundizaba, más me daba cuenta del daño que la teoría de sola scriptura había hecho a la cristiandad. La más evidente en este sentido era el protestantismo mismo: una enorme masa de denominaciones en conflicto y desacuerdo, ocasionado por su propia naturaleza de ‘protesta’ y desafío, una interminable proliferación de caos y controversia.

Mis diecisiete años de estudios bíblicos protestantes me aclararon una cosa: Sola scriptura era un eufemismo para ‘sola ego’. Lo que quiero decir es que cada protestante tiene su propia interpretación de las Escrituras, y, claro está, cree que la suya es superior a la de los demás. Cada uno da su punto de vista, asumiendo que el Espíritu Santo le ha guiado a esa interpretación personal.


Bob Sungenis, De la controversia a la consolación, en Patrick Madrid, Asombrado por la verdad, Basilica Press, Encinitas, Estados Unidos 2003, p. 135-137.

James Akin sobre el Papado (es un comentario sobre Mt 16, 17 en adelante):

Según la regla de interpretación anticatólica, petros significa ‘piedra pequeña’ mientras que petra significa ‘piedra grande’. La declaración: ‘Tú eres Pedro [Petros]’ debería ser interpretada como una frase que subraya la insignificancia de Pedro. Los evangélicos creen que lo que Cristo quiso decir es: ‘Pedro, tú eres una piedrita, pero yo edificaré mi Iglesia en esta masa grande de piedra que es la revelación de mi identidad’. Un problema con esta interpretación, que muchos estudiosos protestantes de la Biblia admiten, es que mientras que petros y petra tuvieron estos significados en la poesía griega antigua, la distinción había desaparecido ya en el primer siglo, cuando fue escrito el evangelio de Mateo. En ese momento, las dos palabras significaban lo mismo: una piedra. Otro problema es que cuando Jesús le habló a Pedro, no le habló en griego sino en arameo. En arameo no existe una diferencia entre las dos palabras que en griego se escriben petros y petra. Las dos son kêfa; es por eso que Pablo a menudo se refiere a Pedro como Cefas (cf. 1Co 15,5; Gal 2,9). Lo que Cristo dijo en realidad fue: ‘Tú eres Kêfa y sobre esta kêfa edificaré mi Iglesia’. Pero aun si las palabras petros y petra tuvieran significados diferentes, la lectura protestante de dos ‘piedras’ diferentes no encuadraría con el contexto. La segunda declaración a Pedro sería algo que lo disminuye, subrayando su insignificancia con el resultado que Jesús estaría diciendo: ‘¡Bendito eres tú Simón hijo de Jonás! Tú eres una piedrita insignificante. Aquí están las llaves del reino’. Tal serie de incongruencias hubiera sido no sólo rara sino inexplicable. (Muchos comentaristas protestantes reconocen esto y hacen todo lo posible para negar el significado evidente de este pasaje, a pesar de lo poco convincentes que puedan ser sus explicaciones).

También me di cuenta de que las tres declaraciones del Señor a Pedro estaban compuestas por dos partes, y las segundas partes explican las primeras. La razón porque Pedro es ‘bienaventurado’ fue porque ‘la carne y sangre no te han revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos’ (v. 17). El significado del cambio de nombre, ‘Tú eres Piedra’ es explicado por la promesa, ‘Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y los poderes de la muerte no prevalecerán contra ella’ (v.18). El propósito de las llaves es explicado por el encargo de Jesús: ‘Lo que ates en la tierra será atado en el cielo’ (v.19). Una lectura cuidadosa de estas tres declaraciones, poniendo atención en el contexto inmediato y en interrelación, muestra claramente que Pedro fue la piedra de la cual habló Jesús. Éstas y otras consideraciones me revelaron que las interpretaciones estándar anticatólicas de este texto no podían quedar en pie después de un cuidadoso estudio bíblico. Habían arrancado a la fuerza la segunda declaración de Pedro de su contexto. Yo ratifiqué mi interpretación, concluyendo que Pedro era verdaderamente la piedra sobre la cual Jesús edificó su Iglesia. Creo que esto es lo que un lector sin prejuicios concluiría después de un cuidadoso estudio gramatical y literario de la estructura del texto. Si Pedro era, de hecho, la piedra de que hablaba Jesús, eso quería decir que él era la cabeza de los apóstoles (…) Y si Pedro era la cabeza terrenal de la Iglesia, él reflejaba la definición más básica del Papado.


James Akin, Un triunfo y una tragedia, en: Patrick Madrid, op. cit., p.
77-82

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  • Leo Zalernotti

    Estimado Milton:

    Ante todo quería volver expresarle mi admiración a la disposición mostrada de su parte para defender la doctrina de su congregación. En lo referente a la discusión propiamente dicha, empezaré por dar respuesta a la primera de sus afirmaciones en orden cronológico con la que no estoy de acuerdo:

    “Un razonamiento quizá muy simplificado, pero que me parece válido, es que el protestantismo nació hace unos 500 años. El catolicismo está hace 2000 años. Si la Iglesia Católica (de la cual se separó Lutero, que era un sacerdote agustino) que estuvo esos 1500 años anteriores…”.

    Estoy dispuesto a considerar argumentos históricos en pro y en contra del origen de las dos comunidades eclesiásticas, pero dicho así es una interpretación completamente tendenciosa. Motivo por el cual voy a pasar a exponer lo que creo que es una concepción un poco más sana de la Iglesia (con mayúsculas).

    Supongo que como católico coincidirá conmigo en que la Iglesia no es un edificio sino un determinado conjunto de personas. Supongo que coincidirá conmigo también en que este conjunto de personas que conforman la Iglesia está integrado por todos los santos, entendiendo por santos todas aquellas personas que han sido redimidas por Cristo. Creo que no negará tampoco que ni usted ni yo sabemos exactamente por qué personas está compuesta esta Iglesia por el mismo hecho de que no sabemos quiénes han de ser salvos y quiénes no; pero esto no nos impide suponer –y no creo que usted lo vaya a negar– que en esta Iglesia encontraremos católicos, protestantes, adventistas, etc. Supongo que usted no es partidario de negarles la salvación a todas aquellas personas que no iban los domingos a misa ni comulgaban al menos una vez al año. Si nuestro razonamiento es correcto hasta aquí, creo que no podríamos negar que la Iglesia de Cristo trasciende a cualquier denominación humana. Con esto quiero decir, aún suponiendo por un momento que la iglesia católica sea la que tenga la doctrina más correcta, es claro que esto no podría llevarnos a identificar la Iglesia de Cristo con la iglesia católica puesto que hemos admitido anteriormente que personas de otro credo religioso pueden ser salvas también. Pues bien, lo que quiero enfatizar con esto es que la Iglesia de Cristo en sí misma no se corresponde con denominación humana alguna. Toda denominación, o toda iglesia (con minúscula) particular es una asociación humana de personas que se reúnen para rendir culto a Dios de la manera que creen más conveniente. Como bien supuso usted, aplaudo de pie la reforma protestante, pero no por ello pienso que el protestantismo sea la Iglesia de Cristo, como tampoco creo que lo sea el catolicismo o el adventismo. El punto es que todas estas iglesias (con minúscula) son instituciones humanas que tienen un origen histórico de acuerdo a una determinada creencia de lo que es agradable a Dios, pero de aquí en más pretender que existe una institución humana con nombre y apellido (Iglesia Cristiana Apostólica Romana, Iglesia Luterana, etc.) que es la Iglesia (con mayúscula) de Cristo, creo que conlleva alguna faceta de sectarismo. Es como decir, “mi congregación religiosa es la Iglesia de Cristo, la única verdadera y por fuera de ella no hay salvación”, y supongo que coincidirá conmigo en que esta característica es una de las que comúnmente identifica a las sectas. Insisto en el punto: ninguna institución humana inscripta en el Registro Nacional de Cultos es la Iglesia de Cristo.

    Ahora bien ¿Esto quiere decir que todo vale? ¿Acaso da lo mismo lo uno que lo otro? De ninguna manera. Al igual que usted, yo tampoco estoy de acuerdo con relativizar las creencias religiosas al punto de decir que está bien si somos católicos, agnósticos o judíos. También coincido con usted en entender que esto sería un desprecio por la verdad, coincido con usted en que no podemos estar todos en lo cierto y coincido con usted en que no podemos afirmar que todas las religiones son verdaderas. Pero por otro lado, pretender que yo y mi comunidad religiosa hemos alcanzado la verdad absoluta también puede ser algo muy peligroso. ¿No le parecería mejor la alternativa de, sin perder nuestra identidad religiosa, buscar acercarnos a la verdad como si esta fuese un límite matemático? Pues bien, expongamos nuestra perspectiva pero sin dejar de ejercitar la tolerancia religiosa. Admitamos que estamos en presencia de instituciones humanas conformadas por personas. Aceptemos la falibilidad de estas personas y de nosotros mismos. Estemos dispuestos a discutir con altura nuestras diferencias, estemos abiertos a la crítica, no nos creamos dueños de la verdad. En fin, asumamos que yo puedo estar equivocado, que usted puede estar equivocado, pero que es posible que ambos estemos equivocados.

    Saludos cordiales,

  • Juan

    Hola, no sabía que habias escrito mas articulos sobre el tema, asi que me voy a tomar un tiempo para leerlos y tratar de analizarlos.
    Por lo pronto, releyendo mi mensaje el post anterior, te pido disculpas si fue un poco agresivo, no era la intensión. Tratare de ser mas cuidadoso en los proximos.
    En http://www.mapsofwar.com/ind/history-of-religion.html hay una animacion de la historia de las religiones. Curiosamente, hay una gran correlación entre la propagación de la “verdad” de cada una y los acontecimientos politico-militares de esos países.
    Saludos, Juan.

    PD:

  • http://www.miltonpividori.com.ar miltondp

    En estos párrafos siguientes quiero hablar a los visitantes que lleguen en este post, para después, en otro comentario, dirigirme al comentario de Leo. Puse una nota al principio del post. Así que lo escribo dirigiéndome no solo a Leo sino a todo lector. Quería aclarar algo sobre la tolerancia religiosa. Primero, yo no me creo superior a otro cristiano no católico. Un cristiano protestante por ejemplo, puede llegar a ser mucho más agradable a los ojos de Dios que un católico que va a misa todos los domingos. Un protestante, un budista, un judío podría salvarse mientras que un católico no, por razones que sólo Dios sabe. Quizá un agnóstico tiene lo que le tocó recibir, y con eso produce los frutos de acuerdo a lo que recibió (“al que se le de menos, se le pedirá menos”). Es interesante esto que afirma la Iglesia en el documento Lumen Gentium: “(…) Sin embargo, no alcanza la salvación, aunque esté incorporado a la Iglesia, quien no perseverando en la caridad permanece en el seno de la Iglesia ‘en cuerpo’, pero no ‘en corazón’” (LG 14).

    Segundo, de acuerdo a las cosas que se y he leído y estudiado, así como un budista o protestante tiene sus argumentos para serlo, yo tengo los mios para pensar que la Iglesia que fundó Jesucristo (que considero, a diferencia de Leo, una institución que puedo señalar con el dedo) subsiste en la Iglesia Católica. Tengo mis argumentos para creer esto, y para creer que escuchar a la Iglesia Católica es escuchar a Cristo mismo. Por favor, que quede claro que esto no significa que desprecie a creyentes de otras denominaciones. Cada uno tiene su historia, nació y se crió en un contexto tal que lo llevó a adoptar una religión determinada (o rechazar la existencia de Dios como un ateo por ejemplo). Yo no soy nadie para juzgar esas decisiones. Dios lleva a cada uno por ciertos caminos, que nosotros no conocemos. Hecha esa aclaración, vuelvo al tema: ¿significa esto que un protestante está totalmente sumergido en el error? Para nada. La Iglesia Católica afirma que estas denominaciones tienen elementos de verdad (creen en Jesucristo como único Salvador, rezan, leen la Biblia, y comparten muchísimas cosas con los católicos), pero no alcanzan la verdad plena. Entiendo que esto es duro de escuchar para alguien que no es católico (y quizá también para un católico), pero pienso que es muy coherente, que si me permite, me gustaría explicarlo humildemente más adelante.

    Tercero, ¿quién se salva? (que ya lo adelanté un poco con lo que dije antes), ¿sólo los católicos? Por supuesto que no. Esta es una explicación del padre Miguel Fuentes sobre el tema:

    Si alguna persona se salva estando externamente en otra religión que no es la Iglesia católica, esto sólo es posible si está en ella de buena fe. Pero (y esto es clave determinarlo) “buena fe” no es un concepto negativo sino positivo. Está “de buena fe” en su religión quien tiene “ignorancia invencible”, es decir, quien positivamente busca la verdad y, por motivos que Dios sabe (y nosotros no), no llega a la verdad objetiva, sino que cree de buena fe que la “verdad” que busca es aquélla que actualmente profesa en su religión.

    No puede considerarse “de buena fe” quien no pone los medios para conocer la verdad, cosa claramente afirmada por el Catecismo: “cuando el hombre no se preocupa de buscar la verdad y el bien (…) poco a poco, por el hábito del pecado, la conciencia se queda casi ciega. En estos casos, la persona es culpable del mal que comete”.

    Pero… ¿existe la verdad absoluta? Si cree que la respuesta es “no”, entonces ¿es verdad que la verdad absoluta no existe? Santo Tomás de Aquino dijo al respecto:

    Es evidente que existe la verdad. Porque el que niega que existe la verdad, conoce que la verdad existe. Si, pues, no existe la verdad, es verdad que la verdad no existe.

    Por lo tanto la verdad existe… pero, con todo lo que dije anteriormente, entonces ¿yo, que soy católico, creo tener la verdad absoluta? Creo que se puede responder con una serie de preguntas: si usted es ateo, ¿cree verdaderamente que Dios no existe? Si la respuesta es sí, ¿tiene usted entonces la verdad absoluta? Si respondió que no, entonces… ¿es realmente ateo? (estoy hablando de la verdad objetiva) Si respondió que sí, ¿cree usted que los demás están en el error con respecto a la existencia de Dios? Si respondió que si, entonces pienso que es coherente con su ateísmo. Si respondió que no, ¿entonces los creyentes de alguna religión teísta están en lo cierto? Si respondió que si, ¿entonces usted está equivocado? Y aquí hay una contradicción (objetivamente, o estoy yo en lo cierto, o lo están los que creen que Dios existe, ya que nuestras creencias en este caso son contradictorias). Ahora, si como dije antes, es coherente con su ateísmo y cree estar en lo cierto, ¿piensa que los creyentes son unos ignorantes, tontos…? Si respondió que si, entonces estoy totalmente en desacuerdo con usted.

    Toda esta serie de preguntas se pueden hacer a un protestante, hasta llegar, por ejemplo, a la cuestión de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. En un punto, el protestante va a creer que él está en lo cierto, y el católico no. Pero esto no significa, en un principio, que el protestante desprecie al católico. Simplemente el cree que está en lo cierto y que el católico no lo está. Como cristiano, intenta vivir el mandamiento del amor. Como es una persona que se considera que busca la verdad positivamente, escucha a los que piensan distinto y reflexiona sobre su posición, creyendo que Dios tiene un plan para cada uno, que lleva a cada persona a veces por caminos distintos a los nuestros, que él no conoce, pero que no quiere estropear, sino ayudarlo a llegar al final.

    Quizá se hizo demasiado larga esta aclaración. Espero haber sido claro y no confundir más las cosas. Cuando tenga tiempo, termino mi respuesta al comentario de Leo y la publico. Saludos!

  • Nacho

    Rescato algo de lo que dice Milton y lo que dice Leo:

    [quote=milton]
    Pero… ¿existe la verdad absoluta? Si cree que la respuesta es “no”, entonces ¿es verdad que la verdad absoluta no existe? Santo Tomás de Aquino dijo al respecto:

    Es evidente que existe la verdad. Porque el que niega que existe la verdad, conoce que la verdad existe. Si, pues, no existe la verdad, es verdad que la verdad no existe.
    [/quote]

    [quote=leo]
    Ahora bien ¿Esto quiere decir que todo vale? ¿Acaso da lo mismo lo uno que lo otro? De ninguna manera. Al igual que usted, yo tampoco estoy de acuerdo con relativizar las creencias religiosas al punto de decir que está bien si somos católicos, agnósticos o judíos. También coincido con usted en entender que esto sería un desprecio por la verdad, coincido con usted en que no podemos estar todos en lo cierto y coincido con usted en que no podemos afirmar que todas las religiones son verdaderas. Pero por otro lado, pretender que yo y mi comunidad religiosa hemos alcanzado la verdad absoluta también puede ser algo muy peligroso. ¿No le parecería mejor la alternativa de, sin perder nuestra identidad religiosa, buscar acercarnos a la verdad como si esta fuese un límite matemático? Pues bien, expongamos nuestra perspectiva pero sin dejar de ejercitar la tolerancia religiosa. Admitamos que estamos en presencia de instituciones humanas conformadas por personas. Aceptemos la falibilidad de estas personas y de nosotros mismos. Estemos dispuestos a discutir con altura nuestras diferencias, estemos abiertos a la crítica, no nos creamos dueños de la verdad. En fin, asumamos que yo puedo estar equivocado, que usted puede estar equivocado, pero que es posible que ambos estemos equivocados.
    [/quote]

    Lo que cita Milton de Aquino no son más que silogismos, y como tales son válidos. Me parece que sirven para demostrarle a personas que tienen poco argumento que no sirve de nada encerarrse en una verdad “absoluta” sin siquiera pensar si tiene coherencia con su creer.

    Con respecto a lo que dice Leo, me parece que no discrepa (para nada) en el fondo con los comentarios de Milton y el post. Cada uno tiene su creencia en busca de la verdad. Y si está en un camino, es porque cree que ese camino es el que le está conduciendo a dicha verdad. Ahora bien, al final del comentario Leo dice algo que es muy cierto. Podemos estar ambos equivocados.

    Yo soy católico y cristiano. Pero trato siempre de escuchar la campana del resto, quizá también el afan de conocer la verdad. Tengo amigos judíos, judíos por herencia pero ateos en la práctica, amigos protestantes, otros totalmente místicos (sin importar la religión) y amigos “no me importa nada”. Cada uno de ellos tiene su visión de las cosas. Me pregunto a veces si para determinadas preguntas no más de uno podría tener razón y estar en “la verdad”. O incluso haber grados de verdad. Ya que Leo cita las matemáticas, podríamos encontrarnos en el caso que ninguna de las creencias humanas se acerque a la verdad (1) ni a la falsedad (0), pero cada una tenga un cierto grado de verdad. Quizá nuestra condición de humanos aquí no nos deja conocer esa verdad pura, hasta el momento en que abandonemos esta vida.

    En fin. Rescato que somos personas, humanos y con buenas intenciones. Las instituciones nos sirven para reforzar nuestras creencias, y a veces para abandonarlas. Pero la interacción entre nosotros creo que es primordial, ya que nos quedan unos cuantos años con los cuales debemos compartir con nuestros pares.

    Un saludo a todos y un gusto leerlos.

  • http://www.miltonpividori.com.ar miltondp

    Perdón por haber tardado tanto en escribir el comentario. Para escribir estas cosas, personalmente, me tengo que sentar unas cuantas horas para darle forma a lo que quiero decir. Además se trata de un tema que requiere mucha investigación. No me gustaría estar diciendo cosas que no son sobre la fe católica. Espero lo logre lo más posible. En el comentario de Leo se tocan muchos temas al mismo tiempo. Al principio voy a explicar un poco lo que enseña la Iglesia Católica, y luego, al final, unas reflexiones personales, y ahí si me doy lugar para contestar a Leo.

    Ahora si, voy al tema. Leo, yo no creo que su concepción de Iglesia sea más sana, simplemente es distinta. Por supuesto que la Iglesia no se trata de un edificio. La idea de una Iglesia invisible es uno de los puntos doctrinales de Lutero: él aceptaba la Iglesia, pero la concebía como la comunidad interior e invisible de los creyentes. Sólo Cristo salva, la Iglesia no salva. Esto no es lo que sostiene la Iglesia Católica. Ella, en su reflexión acerca del misterio de la Iglesia, nunca ha hecho distinción entre Iglesia espiritual (Iglesia con mayúsculas, como usted le llama) e iglesia visible (iglesia con minúsculas). Dejando entonces de lado esta distinción, entiendo que para usted la Iglesia (hablo de la Iglesia visible) no es de ninguna manera una realidad sobrenatural y misteriosa, como sí lo cree un católico.

    La Reforma Protestante tuvo lugar en una época deplorable para el catolicismo. Su situación religiosa y moral era triste, y alcanzaba hasta las más altas jerarquías eclesiásticas. Entonces la autoridad de la Iglesia, que hasta ese entonces se aceptaba como divina, y la obediencia a la misma ya no se entendían como un acto de fe. Por eso Lutero, en sus comienzos, tenía razón en realizar críticas. En realidad, el grito de reforma estaba presente hacía ya unos dos o tres siglos antes. Como ésta nunca llegó, se alcanzó un estado en el que la leña seca ya estaba lista… sólo faltaba encender el fuego.

    Podemos hablar mucho sobre lo que dice la Biblia al respecto de la Iglesia, y sobre datos históricos acerca de lo que han creído los cristianos en los primeros siglos. Para empezar con lo primero, me ayudaron estos dos artículos de los padres Paulo Dierckx y Miguel Jordá. En el mismo dicen (lo pongo aquí para que quede claro lo que sostiene la Iglesia Católica):

    La Iglesia Católica siempre ha seguido la dinámica de la encarnación, es decir, el Verbo (Cristo) se ha hecho visible, se ha hecho carne y ha entrado en la historia de los hombres. Esta encarnación de Cristo prosigue de modo renovado en la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo acá en la tierra (Mt. 16, 13-20). La Iglesia es la continuación de Cristo encarnado en este mundo. Por eso la Iglesia de Cristo es al mismo tiempo comunidad visible y comunidad espiritual; es al mismo tiempo comunidad jerárquica por institución divina y Cuerpo místico de Cristo…

    Estas palabras que he citado no son en sí mismas pruebas. Las mismas son analizadas más adelante en el artículo. No las voy a colocar todas aquí, porque sería repetir completamente lo que está en los artículos citados. Lo que sí voy a hacer es colocar algunas frases bíblicas que hablan sobre la Iglesia y algunas conclusiones a las que llego.

    La Iglesia somos todos nosotros: laicos y pastores, y de la cual empezamos a formar parte a partir del Sacramento del Bautismo: «Al ser bautizados, hemos venido a formar un sólo Cuerpo por medio de un sólo espíritu» (1 Cor 12, 13). Cristo «es la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia» (Col. 1, 18), por lo tanto la Iglesia es el Cuerpo de Cristo. Dice el Apóstol Pablo: «Dios colocó todo bajo los pies de Cristo para que, estando más arriba de todo, fuera Cabeza de la Iglesia, la cual es su Cuerpo» (Ef. 1, 22).

    Pablo en un principio perseguía a los cristianos, y luego se le aparece Cristo camino a Damasco. Pablo le pregunta quién era y el Señor le dice “Yo soy Jesús, el mismo a quién tu persigues”, pero Pablo perseguía a los cristianos… En sus cartas, él reflexiona sobre esta unión misteriosa entre Cristo y la Iglesia (los cristianos). Cristo ama a la Iglesia y dio su vida por ella. (Ef. 5, 25). «Los dos se harán una sola carne. Gran misterio es éste, se lo digo respecto a Cristo y la Iglesia» (Ef. 5, 31-32). En el Nuevo Testamento, la Iglesia es presentada como: «aprisco o rebaño» (Jn. 10, 1-10), «campo y viña del Señor» (Mt. 21, 33-34 y Jn. 15, 1-5), «edificio y templo de Dios» (1 Cor 3, 9), «ciudad santa y Jerusalén Celestial» (Gál. 4, 26), «madre nuestra y esposa del Cordero» (Ap. 12, 17 y 19, 7).

    Hay muchísimo que decir sobre la Iglesia, y cómo esta fue fundada y organizada. En el post he citado unas palabras de James Akin que explica como se le da la autoridad a Pedro y a los Apóstoles, o sea, tiene una jerarquía. Por ejemplo Pablo, en 1 Cor, hace muchísimo énfasis en la unidad de la Iglesia, de los cristianos.

    Quizá coincidamos en muchas de estas cosas que dije. Ahora bien, intentemos ver qué concepto de Iglesia tenían los cristianos del primer siglo, del tiempo de los Apóstoles. Jesús los envía a predicar todo lo que Él les había enseñado. Ellos interpretaban esa doctrina recibida y la enseñaban. Esta tradición, esta doctrina, luego se pone por escrito, hasta formarse el Nuevo Testamento, que como todo cristiano sabe, se compone de los Evangelios, las cartas de Pablo y de otros discípulos. O sea, la Biblia fue escrita por la Iglesia.

    Algunos puntos interesantes de los documentos que cité arriba:

    • La Iglesia está confiada a los hombres, apóstoles «escogidos por Jesús bajo la acción del Espíritu Santo» (Hch. 1, 2). Y los apóstoles confiaron la Iglesia a sus sucesores que, por imposición de las manos, recibieron el carisma de gobernar (1 Tim. 4, 14 y 2 Tim. 1, 6).
    • La Iglesia guiada por el Espíritu Santo (Jn. 16, 13) es «columna y soporte de la verdad» (1 Tim. 3, 15), capaz de guardar el depósito de las «sanas palabras recibidas» (2 Tim. 1, 13). Es decir, de explicarlo sin error.
    • La Iglesia es constituida como Cuerpo de Cristo por medio del Evangelio (Ef. 3-10), nacida de un solo bautismo (Ef. 4, 5), alimentada con un solo pan (1 Cor. 10, 17), reunida en un solo Pueblo de hijos de un mismo Dios y Padre (Gál. 3, 28).

    Esta es una parte de la conclusión de los autores de los artículos que cité, que se entenderá mejor con la lectura completa de ambos:

    …Así que aceptar a Cristo significa aceptar su Iglesia. El «Cristo total» es Cristo y la Iglesia. No se puede aceptar a Cristo y rechazar su Iglesia. Dijo Jesús a sus Apóstoles y discípulos: «El que a ustedes recibe, a Mí me recibe. Y el que me recibe a Mí, recibe al que me ha enviado. Como el Padre me envió a Mí, así Yo los envío a ustedes».

    Por lo tanto, pienso que uno puede creer en Jesús, pero puede no estar en comunión con la Iglesia que Él fundó. Esto sucedía por ejemplo cuando se daban las herejías en los primeros siglos y los siguientes, que fueron rechazadas por la Iglesia. Algunas de ellas son el Arrianismo, Albigenses, Adopcionismo, etc. Por ejemplo en la primera, se sostenía que Jesús no era Dios, sino una creación de Dios. La Iglesia, en el Concilio de Nicea, condenó esta herejía (nombro esto como para darnos una idea del papel de la Iglesia, en este caso el de corregir el error).

    Yo aclaré que el comentario mio que citás quizá sea un razonamiento muy simplificado, pero de todas formas, si bien merece un análisis mucho más profundo que no soy capaz de dar, sigo pensando que en lo esencial es válido: lo que Lutero ha condenado, como el Magisterio de la Iglesia (“Sólo la Escritura”), las obras para salvarse (“Sólo la fe”), el carácter sacrificial de la Eucaristía y la transubstanciación, el Sacramento de la Confesión, etc, fueron verdades que los cristianos han creído siempre, desde los primeros siglos. Es algo que él mismo dice en sus “Conversaciones de sobremesa”, que había citado antes. De estos hechos existen muchas referencias históricas: la confesión se realizaba, hasta el siglo VIII, públicamente. O San Efrén (306-373) y su amor a la Virgen María. Por ejemplo ésta es una lista en verso de los más bellos títulos que los cristianos otorgaban a la Stma. Virgen, compuesto por San Efrén:

    Señora Nuestra Santísima, Madre de Dios, llena de gracia: Tú eres la gloria de nuestra naturaleza humana, por donde nos llegan los regalos de Dios. Eres el ser más poderoso que existe, después de la Santísima Trinidad; la Mediadora de todos nosotros ante el mediador que es Cristo; Tú eres el puente misterioso que une la tierra con el cielo, eres la llave que nos abre las puertas del Paraíso; nuestra Abogada, nuestra Intercesora. Tú eres la Madre de Aquel que es el ser más misericordioso y más bueno. Haz que nuestra alma llegue a ser digna de estar un día a la derecha de tu Único Hijo, Jesucristo. ¡Amén!

    San Agustín (354-430): “Creo en las Escrituras por la autoridad de la Iglesia Católica”:

    [...] Si tu te encuentras con una persona que no cree aun en las Escrituras, ¿como le contestarías si esta te dice que no cree? Por mi parte, no creeré en las Escrituras a menos que la autoridad de la Iglesia Católica me mueva a ello.

    San Clemente Romano (Clemente I), 4to Papa de la Iglesia (93-101), envía una carta a los Corintios para arreglar un problema allí, firmando “Yo soy el Obispo de Roma, sucesor de San Pedro”.

    San Justino Martir, en el siglo II (hacia el año 155), le envía una carta al emperador pagano Antonino Pío (138-161) para explicar lo que hacen los cristianos en esas “extrañas” reuniones dominicales, nada más y nada menos que la Santa Misa, que se ha mantenido durante los siglos en sus lineas fundamentales:

    El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo.

    Se leen las memorias de los Apóstoles y los escritos de los Profetas. Cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitación de tan bellas cosas [ésta es la parte de la Misa que hoy conocemos como Liturgia de la Palabra].

    Luego nos levantamos y oramos por nosotros… y por todos los demás dondequiera que estén, a fin de que seamos hallados justos en nuestra vida y nuestras acciones y seamos fieles a los mandamientos para alcanzar la salvación eterna [la actual Oración universal de los fieles].

    Luego se lleva al que preside pan y una copa con vino y agua mezclados [alusión a la preparación de la Presentación de las Ofrendas]. El que preside los toma y eleva alabanzas y gloria al Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo, y da gracias largamente porque hayamos sido juzgados dignos de estos dones [se trata de la parte principal de la Liturgia de la Eucaristía, en cuyo núcleo central está la Consagración. Pablo, en 1 Cor 11, menciona esta parte de la celebración].

    Cuando el que preside ha hecho la acción de gracias y el pueblo ha respondido “Amén”, los que entre nosotros se llaman diáconos distribuyen a todos los que están presentes el pan y el vino “eucaristizados” [inconfundible: la Comunión].

    Unas reflexiones finales

    … sobre todo acerca del principio protestante de “Solo la Escritura”. Porque hasta acá sólo hemos citado a otros, por lo menos en gran parte. Hagamos ahora una reflexión final sobre la Iglesia y las Escrituras.

    Con Juan estuvimos intercambiando unos mails sobre esto. El se preguntaba en un momento “¿necesito un experto para comprender la palabra de Dios?”. Recordemos, primero, lo que dicen las Escrituras en Hechos 8, 26-40: Felipe, guiado por el Espíritu Santo, se encuentra en el camino con un etíope eunuco, que estaba leyendo al profeta Isaías. El apóstol le pregunta: “¿Entiendes lo que vas leyendo?”, a lo que contesta: “¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?”.

    En 2 Pe 1, 20 el apóstol dice: “Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia;”. En 2 Pe 3, 16, dice: “…hay en ellas (se refiere a las cartas de Pablo) cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente – como también las demás Escrituras – para su propia perdición”.

    Lutero llegó a decir lo siguiente:

    Hay tantas sectas y creencias como cabezas. Aquel miembro no quiere tener nada que ver con el bautismo; otro niega el Sacramento; un tercero cree que hay otro mundo entre este y el Ultimo Día. Algunos enseñan que Cristo no es Dios; unos dicen esto, otros aquello. Si un rústico, por rudo que sea, “sueña o se imagina alguna cosa”, ya se cree que ha oído susurro del Espíritu Santo, y se cree que él mismo es un profeta.

    También Calvino, en una carta a Melanchton (Carta 141), dice:

    Es de gran importancia que las divisiones que subsisten entre nosotros no sean conocidas en los futuros tiempos. Nada puede ser más ridículo que el hecho de que quienes fueron impulsados a separarse de la totalidad, no hayan podido lograr sino un tan precario acuerdo en el principio mismo de la Reforma.

    ¿Y qué podemos decir nosotros? Yo lo pienso así: si en un grupo de 5 personas nos proponemos leer algún libro (“El Señor de los Anillos” por ejemplo), y nos damos un tiempo para que todos terminemos y después nos juntemos a comentarlo, es seguro que en muchas partes va a haber 5 interpretaciones distintas.

    La Biblia es, al fin y al cabo, un libro. Y encima, un libro difícil (como decía Pedro de las cartas de Pablo). Obviamente que los cristianos creemos que es inspirado por Dios, pero no deja de ser un libro, y eso no significa que no pueda ser mal interpretado (nuevamente hago una referencia a las palabras de Pedro). Si no hay alguna autoridad que lo interprete, entonces realmente la Biblia no dice nada. ¿Quién puede asegurar que se está interpretando bien?

    El hecho de que exista una autoridad que pueda interpretar la Biblia sin error, no quiere decir que yo no pueda tomar algún pasaje, como el del buen samaritano, y concluir que, por ejemplo, la pregunta que nos tenemos que hacer (como lo explica Raniero Cantalamessa) no es “¿Quién es mi prójimo?” (como preguntó el Maestro de la Ley en esa ocasión a Jesús) sino “¿De quién me puedo hacer yo prójimo aquí, ahora?”. O tomar algunas de las palabras de Jesús y aplicarla a algo que está pasando en mi vida ahora… por supuesto que esto es totalmente válido.

    Como comenté más arriba, desde los primeros siglos el cristianismo tuvo que enfrentarse con herejías, donde concluían, por ejemplo, que Jesús no era Dios porque en tal lugar de la Biblia decía tal cosa. La Iglesia (con toda la autoridad que tiene) en estos casos corregía tales enseñanzas.

    Es que las Escrituras no son más que la Tradición (que los protestantes niegan) puesta en papel. Es más, el Nuevo Testamento fue escrito inicialmente para mantener la unidad de la Iglesia, para dejar en claro en qué creemos. La Primera Carta a los Corintios es un ejemplo emblemático, donde Pablo les dice a los cristianos de esa comunidad que terminen con las divisiones (1 Cor 1, 10 en adelante). Otro texto interesante es el final del Evangelio de Juan: “Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran”.

    Según unas estadísticas de hace unos años, en Estados Unidos había 42.000 denominaciones cristianas distintas. Esta división entre nosotros es una de las razones de por qué la gente no cree. Estamos desoyendo la enseñanza de Jesús de que seamos uno.

    Por eso mi respuesta a la pregunta de Juan en su mail fue: sí, hay alguien que tiene la autoridad para interpretar la Biblia, y ese alguien es el mismo que la escribió: la Iglesia. Si no lo hubiera, entonces la Biblia sola no tendría sentido, ya que su interpretación siempre sería lo que uno piense que significa. Lo dice muy bien Sungenis en la cita que puse en el post.

    Y como católico, con los argumentos que tengo y les he tratado de mostrar, creo que esa Iglesia que fundó Jesucristo, que puede interpretar las Escrituras y enseñar sin error, subsiste en la Iglesia Católica. Nuevamente la aclaración de que esto no me hace intolerante hacia otros cristianos. Conozco en persona evangélicos que son muy buenos cristianos, y hasta de los cuales se puede aprender mucho, como de cualquier otra persona, incluso no creyente.

    Yendo al comentario de Leo sobre una de las características de las sectas (“mi congregación religiosa es la Iglesia de Cristo, la única verdadera y por fuera de ella no hay salvación”), está claro, por mi otro comentario, que con respecto a la salvación, no es eso lo que sostiene la Iglesia Católica. Con respecto al disenso aparecido en la Iglesia, el Catecismo menciona a las comunidades cristianas que “se separaron de la comunión plena con la Iglesia católica y, a veces, no sin culpa de los hombres de ambas partes (UR 3). Tales rupturas que lesionan la unidad del Cuerpo de Cristo (se distingue la herejía, la apostasía y el cisma ) no se producen sin el pecado de los hombres…”. Y sigue de esta forma hablando sobre los hermanos separados:

    818. Los que nacen hoy en las comunidades surgidas de tales rupturas y son instruidos en la fe de Cristo, no pueden ser acusados del pecado de la separación y la Iglesia católica los abraza con respeto y amor fraternos… justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos en el Señor” (UR 3).

    Y después habla de los elementos de verdad que existen en estas otras denominaciones cristianas, que mencioné en mi comentario anterior:

    819. Además, “muchos elementos de santificación y de verdad” (LG 8 ) existen fuera de los límites visibles de la Iglesia católica: “la palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad y otros dones interiores del Espíritu Santo y los elementos visibles” (UR 3; cf LG 15). El Espíritu de Cristo se sirve de estas Iglesias y comunidades eclesiales como medios de salvación cuya fuerza viene de la plenitud de gracia y de verdad que Cristo ha confiado a la Iglesia católica. Todos estos bienes provienen de Cristo y conducen a Él (cf UR 3) y de por sí impelen a “la unidad católica” (LG 8).

    Como mencioné antes, estoy totalmente de acuerdo con respecto a la tolerancia religiosa. Estamos de acuerdo en que no todas las religiones pueden ser verdaderas. Entonces, como católico, el hecho de pensar que el catolicismo es la verdadera religión, no hace que desprecie a otros credos, como muchos se imaginan cuando uno sostiene algo semejante. Si así lo hiciese, entonces en realidad no estaría entendiendo mi religión y lo que enseña.

    Ahora bien, y con esto termino, si con “asumamos que yo puedo estar equivocado, que usted puede estar equivocado, pero que es posible que ambos estemos equivocados” usted se refiere a colocar un “puede ser” a todo lo que yo acepte como verdad de fe, no estoy de acuerdo. El que hiciese eso, simplemente no tiene fe. Si me preguntan si Jesús existió alguna vez, o si es Dios realmente, y respondiera “puede ser”, en el fondo no me estaría comportando distinto a un agnóstico. Aclaro que puede que no haya entendido bien a qué se refería usted con esas palabras. Por eso, repito, estoy muy de acuerdo en que dialoguemos y discutamos lo que cada uno cree, pensando que quizá mis argumentos no son válidos (ya que de otra forma no sería un diálogo franco). Quizá usted se refería a esto con esas palabras. Pero si con argumentos y todo, sigo pensando que todo lo que creo “puede ser”, entonces, en realidad, no lo creo, y en el fondo no tengo fe. Sabemos, los que somos creyentes, que la fe no viene de la razón, aunque, como decía un sacerdote, hay muchas razones para creer.

  • Leo J. Zalernotti

    Estimado Milton:

    Me parece que no soy el interlocutor con el cual usted discute. En el post anterior lo que hice fue una suerte de argumentación con respecto a lo que entendemos por Iglesia y me quedo con la impresión de que usted respondió sin responder. Usted afirma que en mi post “se tocan muchos temas al mismo tiempo” y a partir de allí expone toda una serie de cosas con las que puedo estar de acuerdo o no, pero que no responden a mi argumentación en absoluto. En particular, no creo haber tocado muchos temas al mismo tiempo, sino sólo la concepción de Iglesia, pero si le parece mejor intentaré organizar un poco mi respuesta introduciendo algunos títulos.

    La Iglesia

    Usted afirma que no cree que mi concepción de la Iglesia sea “más sana” sino simplemente “distinta”. Vuelvo a insistir: ¿Qué parte de mi argumentación usted no está dispuesto a aceptar? Mi propuesta fue simplemente definir la Iglesia como “el conjunto de todos los santos” o más explícitamente como “el conjunto de personas que han sido redimidas por Cristo” ¿Es que usted no está de acuerdo con que la Iglesia es el conjunto de todos los santos? Si no está de acuerdo con tal definición le agradecería que me respondiera en qué se diferencia la “Iglesia” del “conjunto de todos los santos” ¿Es que, acaso, hay personas que pertenecen a la Iglesia pero no pertenecen al conjunto de los santos? ¿O lo que está afirmando usted es que hay santos que no pertenecen a la Iglesia? ¿Y si está de acuerdo con tal definición por qué dice que mi concepción de Iglesia es “distinta” de la suya?

    Usted afirma además que la Iglesia Católica “en su reflexión acerca del misterio de la Iglesia, nunca ha hecho distinción entre Iglesia espiritual (Iglesia con mayúsculas, como usted le llama) e iglesia visible (iglesia con minúsculas)”. Pues yo tampoco he planteado distinción entre “Iglesia espiritual” e “Iglesia visible”. Por favor recuerde que la disyuntiva sobre la que yo argumentaba era entre “Iglesia como conjunto de todos los santos” (Iglesia con mayúsculas) e “iglesia como institución u organización humana” (iglesia con minúscula, básicamente todas aquellas inscriptas en el Registro Nacional de Cultos). La Iglesia como el conjunto de los santos, sin duda es “espiritual”, puesto que se mueve en el Espíritu Santo, pero también es “visible”, puesto que está conformada por personas de carne y hueso como usted y yo.

    Por último, aunque no es de mayor importancia, cuando usted pone en boca de Agustín el haber dicho “creo en las Escrituras por la autoridad de la Iglesia Católica” el uso de esas mayúsculas no es del todo feliz. Usted sabrá que hacia el siglo IV –cuando escribe Agustín– los textos tanto latinos como griegos no distinguían entre mayúsculas y minúsculas –en general se escribía todo en mayúsculas y sin espaciado entre palabras–, de modo que cuando en uno de estos textos alguien escribe “catholica ecclesia” no se trata de su Iglesia Católica Apostólica Romana, puesto que aún no había distinción entre católicos y protestantes, sino que se refiere a la Iglesia sin más. La expresión latina “catholica” simplemente significa “universal”, en el sentido de que ya no se trata de la religión de un pueblo determinado –hebreo, romano, celta, etc.–, sino de una comunidad donde ya no hay judíos ni gentiles. Al margen de esto, por supuesto, no estoy de acuerdo con la afirmación de Agustín.

    Interpretación mediada de las Escrituras

    Entender el episodio de Felipe y el etíope (Hch. 8.26-40) como una apología de la lectura de las Escrituras mediatizada por la Iglesia Católica resulta algo así como un chiste. El apóstol pregunta: “¿Entiendes lo que lees?”, a lo que el etíope contesta: “¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?”; entonces Felipe le predica el evangelio, el etíope se convierte y pide ser bautizado. Lo que está de manifiesto aquí la necesidad de la predicación del evangelio en su profundo sentido etimológico. ¿Cómo han de creer las personas ni nadie les predica? (Rom. 10.14-15). Sería algo forzoso hacerle decir al pasaje algo que éste no dice, por ejemplo, que existe una institución facultada de interpretar las Escrituras sin error como usted afirma.

    Con respecto a los textos de 2 Pedro 1.20 donde el apóstol escribe: “Ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada”, puede decirse lo siguiente: en primer lugar, el apóstol no se está refiriendo a la totalidad del texto bíblico sino sólo a sus palabras proféticas; y en segundo lugar, no puede extraerse de allí –a menos que se fuerce el texto– que vuestra Iglesia Católica Apostólica Romana sea única posible intérprete.

    En 2 Pedro 3.16, refiriéndose a las epístolas de Pablo se expresa: “Hay algunas cosas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”. De nuevo, Pedro no está haciendo una apología de la infalibilidad exegética de su Iglesia Católica, ni siquiera una apología de la Iglesia sin más, sino que está haciendo una advertencia en lo tocante a las lecturas poco cuidadosas e incluso malintencionadas del texto bíblico.

    En las palabras recién citadas se basó el Concilio de Tolón de 1239 para prohibir la traducción del texto bíblico, tarea que recién habría de emprender Lutero en desobediencia a vuestra iglesia. Unos tres siglos más tarde el Concilio de Trento (1545-1563) “atenuaba” estas disposiciones con las siguientes palabras: “Habiendo demostrado la experiencia que, si se permite circular indiscriminadamente por todas partes en la lengua del pueblo los libros sagrados, puede resultar más daño que provecho a causa de la imprudencia de los hombres en este respecto, deben someterse al juicio del obispo o inquisidor, los que permitirán la lectura de estos libros traducidos por autores católicos a la lengua del pueblo a aquellos que juzguen capaces de derivar de su lectura no pérdida, sino aumento en la fe y en la piedad. Esta licencia debe tenerse por escrito, y si alguno osara leerlos o tenerlos en su poder sin esta licencia no podrá recibir la absolución de su pecado hasta que haya devuelto los libros al ordinario”. Me preguntaba si usted está de acuerdo con las disposiciones de mencionados concilios.

    Por otro lado, usted parece intentar de alguna manera poner todo en una disyuntiva maniquea; o es la Iglesia Católica la única que interpreta correctamente las Escrituras, o estamos en la más radical de las anarquías hermenéuticas. Pues no, desconozco la existencia de otra autoridad en la interpretación de las Escrituras que no sea la de los lingüistas, filólogos y teólogos, y no porque éstos dispongan de vaya uno a saber qué mística unción sino porque la competencia de sus conocimientos y la profundidad de su fe los capacita para estudiarla de una manera –quizá– más cercana que la del resto de los mortales. Si usted pretende persuadir a alguien de la infalibilidad de vuestro sumo pontífice en la interpretación de las Escrituras creo que tendría que apelar a algún argumento un poco más sólido.

    Diversidad de denominaciones y crecimiento

    Usted también menciona que “según unas estadísticas de hace unos años, en Estados Unidos había 42.000 denominaciones cristianas distintas. Esta división entre nosotros es una de las razones de por qué la gente no cree. Estamos desoyendo la enseñanza de Jesús de que seamos uno”. Argumentaré en primer lugar lo que considero una virtud y no un vicio de las diversas denominaciones protestantes, para después esbozar, aunque sea, la cuestión del crecimiento de las diferentes denominaciones religiosas.

    Con respecto al primer punto, usted menciona el aparente problema que representaba para Lutero y Calvino –los dos máximos representantes de la reforma protestante– el hecho de no haber podido unificar la Europa del norte en un solo credo religioso o en una sola religión reformada. Mi posición al respecto es que ni ellos mismos alcanzaron a ver la obra que por medio de ellos se estaba abriendo, quedaron atrapados de un paradigma de uniformidad coercitiva de corte medieval. Se me ocurre que a ellos, como a muchos cristianos, no les gustaba la idea de que las personas, aún teniendo una misma fe en la persona de Cristo, pudiera disentir en lo tocante a otras doctrinas bíblicas. No es más sana una iglesia porque mantenga una uniformidad doctrinal coercitiva sobre sus diferentes congregaciones, al menos yo no aspiro a esto. Esta uniformidad de pensamiento y de métodos, no existía ni siquiera en la iglesia primitiva. En Gálatas 2.11-21 se relata cómo Pablo tuvo que reprender al mismo apóstol Pedro –aunque aquí con razón Pablo–, y el libro de los Hechos de los apóstoles 15.36-41 se relata cómo Pablo y Bernabé tuvieron un desacuerdo de tal envergadura que no pudieron misionar juntos: “Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están. Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan, le que tenía por sobrenombre Marcos; pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra. Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando consigo a Marcos, navegó a Chipre, y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracias del Señor”.

    Creo que aún en el Espíritu hay diferentes visiones de las cosas a partir de las cuales se puede llegar a un consenso algunas veces y otras veces no, pero aún la toma de posición y la discusión de tales temas resultan enriquecedoras para ambas partes. Supongo que no nunca habrá estado en un culto evangélico pentecostal, pero sus reuniones suelen ser bastante diferentes de otras denominaciones como los bautistas clásicos. Creo que cada persona tiene un carácter propio y debe buscar un grupo humano en el que se encuentre contenido. También creo que es muy saludable que exista esta diversidad en los modos, siempre que el centro siga siendo la persona de Cristo, que es lo que hace que una denominación sea cristiana.

    Por lo expuesto, creo que la multitud de congregaciones protestantes no es un punto en contra, sino un punto a favor. Incluso es interesante ver como todas estas denominaciones “divididas” colaboran entre sí para la organización de eventos, realizan reuniones unidas de manera periódica, invitan a las demás para sus aniversarios especiales y se refieren unas a las otras como “hermanos de la Iglesia de Cristo que se congregan en tal calle de tal ciudad”. Creo que esto es un ejemplo de fraternidad a pesar de las diferencias doctrinales que se puedan tener.

    Con respecto al segundo punto, no veo en absoluto que la presencia de diferentes denominaciones sea el lastre para el crecimiento del evangelio tal como usted parece señalar. Creo que si es sincero consigo mismo, no va a negar que las iglesias protestantes estén creciendo a un ritmo que no experimenta la Iglesia católica desde hace siglos. Claro, usted podrá aludir mil motivos que den cuenta de este crecimiento desigual, pero no creo que podría negar seriamente este crecimiento, corroborado además por estadísticas serias (la Revista Argentina de Sociología publicó un artículo sobre el tema hace poco), pero basta con hojear un poco los diarios, prender el televisor o dar una vuelta por la cuadra para convencerse de ello. El punto es claro: no parece que la multiplicidad de denominaciones sea un freno para el crecimiento del evangelio. Creo que si no quiere hacer de Cristo un mentiroso debería buscar otra interpretación para Juan 17.20.

    Verdad y certeza de nuestras creencias

    En mi post anterior yo expresaba lo siguiente: “Pretender que yo y mi comunidad religiosa hemos alcanzado la verdad absoluta también puede ser algo muy peligroso. ¿No le parecería mejor la alternativa de, sin perder nuestra identidad religiosa, buscar acercarnos a la verdad como si esta fuese un límite matemático?… Aceptemos la falibilidad de estas personas y de nosotros mismos. Estemos dispuestos a discutir con altura nuestras diferencias, estemos abiertos a la crítica, no nos creamos dueños de la verdad. En fin, asumamos que yo puedo estar equivocado, que usted puede estar equivocado, pero que es posible que ambos estemos equivocados”. Entiendo que su respuesta a tal pretensión sería la siguiente: “No me parece que nos podamos acercar a la verdad de esta manera puesto que denominaciones como la suya tienen elementos de verdad pero no alcanzan la verdad plena, mientras que escuchar a la Iglesia Católica es escuchar a Cristo mismo. No debo acercarme a ninguna verdad porque ya estoy en ella, yo no puedo estar equivocado porque mi iglesia es la única autoridad que puede interpretar la Biblia sin error”. No se crea que a semejantes expresiones las he sacado subiendo a una palmera, le recomiendo que revise sus comentarios y que rectifique algo si tiene que rectificarlo.

    Saludos cordiales,

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    Hola Leo,

    Quisiera decir unas cosas antes de hablar de los temas que nos interesan. Leo, le pido con toda sinceridad que me indique si se sintió ofendido con algún comentario que hice, porque parece evidente que es así. No ayuda para nada al diálogo referirnos a lo que el otro dice como un “chiste”, o a las creencias distintas a las nuestras con frases despectivas como “vaya uno a saber qué mística unción”. Recordemos que por este medio no se puede entender a la perfección lo que el otro trata de transmitir, y en muchas ocasiones se necesitan aclaraciones extras. Además, el hecho de que pertenezcamos a denominaciones diferentes, hace muy probable que haya algunas palabras que tengan significados distintos para ambos, como parece ser el caso de “santo”, que llevó a la confusión de mi parte sobre su concepción de Iglesia.

    La Iglesia

    Voy entonces a su concepción de Iglesia, ahora (esperemos) bien entendida por mi parte. Para un católico, un “santo” es alguien que está en el Cielo, o sea, no está entre los vivos, y con respecto al “conjunto de personas redimidas por Cristo”, ese conjunto se corresponde con todos, absolutamente todos los hombres. Esto es lo que cree un católico: Cristo nos redimió a todos, a toda la humanidad. Ahora bien, como un comentario extra, esto no significa, por supuesto, que todos se salven. Cristo nos redimió, nos abrió las puertas del Cielo, nos hace el llamado, si, pero nosotros le debemos dar una respuesta: creer en Él y cumplir su voluntad viviendo en el amor.

    Se imaginará mi confusión al leer sus palabras pero entendiéndolas según mis creencias. Me hizo investigar varias cosas sobre la enseñanza católica y las creencias protestantes. Por eso dije que se tocaban varios temas, aunque en realidad, pensándolo mejor, creo que lo cierto es que estuve leyendo varias cosas relacionadas para intentar explicar bien la enseñanza católica y entender su postura al respecto, pero como usted afirma, no es que sean varios temas.

    Hay una confusión de su parte con respecto a Iglesia espiritual. Me refiero con ella a la Iglesia invisible, que como dije en el comentario anterior, Lutero la concebía como “la comunidad interior e invisible de los creyentes”, y creo que coincide con su concepción de Iglesia con mayúsculas, ya que usted ha dicho anteriormente que “ni usted ni yo sabemos exactamente por qué personas está compuesta esta Iglesia por el mismo hecho de que no sabemos quiénes han de ser salvos y quiénes no”, por lo tanto, según entiendo, más allá de que esté compuesta por hombres de carne y hueso que son visibles, no podemos, según usted, saber quiénes la conforman y por lo tanto es invisible en ese sentido. Usted la define como el conjunto de personas salvas. Ahí disiento. Como dije en mi comentario anterior, mi concepción de Iglesia es ésta: la Iglesia está formada por todos los bautizados, o sea nosotros, laicos y pastores, y ésta es perfectamente identificable y visible en una institución con una jerarquía, guiada por el Espíritu Santo. Además, es una sola, no varias. Y uno puede o no estar en comunión plena con esta Iglesia. Y si digo que esto no significa que alguien que no esté en plena comunión con la misma no vaya a salvarse, y que ni siquiera esto es suficiente para la salvación, estaría repitiendo cosas que ya dije antes.

    Aunque si bien hubo una confusión de mi parte al leer sus palabras, no voy a seguir sobre el tema, porque estaría repitiendo cosas que ya he dicho en mi comentario anterior, que con confusión de por medio, son palabras que sirven para entender la postura católica sobre lo que es la Iglesia.

    Y como sinceramente, en este punto de nuestra discusión, no se si volver a repetir cosas sobre la tolerancia que ya he dicho antes (y que pareciera que todavía están poco claras, cuando creo que las he explicado suficientemente), hago el comentario de que cuando digo cosas como “Además, [la Iglesia] es una sola, no varias” no estoy acusándolo a usted de no compartir esta afirmación, sino simplemente explicando en qué creo yo, y dando argumentos históricos y referencias bíblicas que yo las entiendo de una manera tal que me llevan a creer esto. Si usted cree de buena fe que el significado de ellas es otro, y está convencido de ello, me parece muy bien. Y otra vez repetiría cosas ya dichas si digo que mis creencias no hacen que me considere superior a nadie. El fin del post, según lo entiendo yo, no es discutir eternamente por interpretaciones en las que uno se siente seguro, sino en tratar de entender la postura y el punto de vista del otro y enriquecerse con ello.

    Sobre la cuestión de las palabras de Agustín citadas, es enriquecedor lo que usted dice. No se está refiriendo a la “Iglesia Católica Apostólica Romana”, pero sí a una institución visible con autoridad, y ese es el punto importante aquí.

    Interpretación mediada de las Escrituras

    Después de releer mi comentario anterior, me doy cuenta de que no queda muy claro a qué apuntaba con los pasajes de Felipe y el etíope, o los de la segunda carta de Pedro. No son para demostrar la existencia de “una institución facultada de interpretar las Escrituras sin error”. Ya hablé sobre eso en el post, en los comentarios de Akin y Sungenis, que como dice éste último, “la Biblia señala a la Iglesia –y no a sí misma– como la máxima autoridad en asuntos doctrinales y espirituales”, haciendo mención también a las palabras en 2 Pe 3, 16 que he citado en mi comentario.

    Usted afirma que yo de alguna manera intento “poner todo en una disyuntiva maniquea; o es la Iglesia Católica la única que interpreta correctamente las Escrituras, o estamos en la más radical de las anarquías hermenéuticas”. Lo que yo dije en mi comentario es lo siguiente: “hay alguien que tiene la autoridad para interpretar la Biblia, y ese alguien es el mismo que la escribió: la Iglesia”. Dije “Iglesia” no “Iglesia Católica Apostólica Romana”. Luego indico que “como católico, con los argumentos que tengo y les he tratado de mostrar, creo que esa Iglesia que fundó Jesucristo, que puede interpretar las Escrituras y enseñar sin error, subsiste en la Iglesia Católica”. Dudo de que se pueda, sólo con el Evangelio en mano, demostrar esto último, sino que, desde mi punto de vista, hay que recurrir a argumentos históricos (de ahí todas las referencias que he citado en mi comentario) y con un cuidadoso análisis de la Biblia, ver cuáles de las religiones cristianas actuales tiene una interpretación más correcta de las Escrituras. Yo no soy capaz de realizar ese análisis de las mismas, pero sí otras personas competentes, y me convencen sus argumentos en favor de la fe católica. Ahora entenderá, espero, todo el contenido de mi comentario anterior. No voy a afirmar algo de lo que no tenga argumentos en los cuales apoyarme.

    Los pasajes que había citado se referían más al principio de Sola Scriptura. Así que antes de continuar, tenemos que entender a qué se refiere. Usted lo tiene que saber mejor que yo, así que voy a definirla según lo que he leído, y usted me dirá si es correcto o no. El principio de Sola Scriptura, formulado por Lutero significa dos cosas:

    • que la Biblia es palabra de Dios (y por tanto, debemos creer todo lo que ella dice) y no hay más palabra de Dios que la Biblia (por tanto, se ha de creer solamente lo que dice la Biblia). O sea, sólo y únicamente la Biblia es fuente de fe.
    • que cada uno ha de interpretarla por sí mismo (llamado “principio del libre examen”), es decir, que el Espíritu Santo inspira a cada persona que lee la Biblia, sin otro magisterio auténtico externo.

    Según lo que afirma Sungenis, esta definición es correcta, y en el comentario suyo que cité en mi post, él hace todo un análisis (aunque no es completo) sobre este principio. Pero antes de continuar con mi respuesta, necesito saber si usted está de acuerdo con la misma.

    No es necesario que yo haga ningún comentario sobre el Papa y su autoridad como respuesta a sus palabras. Ya he colocado el comentario de James Akin arriba. Repito, otra vez, que ese argumento sobre el Papado (que tampoco es completo) me convence a mí, y no estoy intentando forzarlo a usted para que lo acepte. Simplemente esos son los argumentos que yo tengo para creer lo que creo.

    Diversidad de denominaciones y crecimiento

    El dato sobre las 42.000 denominaciones cristianas, y es más, todo el párrafo que usted cita (incluyendo “Esta división entre nosotros es una de las razones de por qué la gente no cree. Estamos desoyendo la enseñanza de Jesús de que seamos uno”) son palabras casi textuales de Fernando Casanova, un ex protestante, del que hablé en mi post original. Por lo tanto, claro está, no es mi opinión personal, porque no tengo conocimiento sobre el estado del protestantismo más que por las palabras de ex protestantes. Bob Sungenis (otro ex protestante), nuevamente en el comentario que cité en el post, se refiere al protestantismo como “una enorme masa de denominaciones en conflicto y desacuerdo, ocasionado por su propia naturaleza de ‘protesta’ y desafío, una interminable proliferación de caos y controversia”. Y otro dato más al respecto: en 1948 se reunieron las principales denominaciones protestantes, tratando de formar el Consejo Mundial de Iglesias. En los documentos de incorporación de dicho Consejo, estas principales denominaciones dicen que inician el diálogo y el ideal ecuménico porque se han dado cuenta que es un escándalo y un pecado, una falta al mandato de Jesucristo de que fuésemos uno solo, que estuviéramos unidos (Jn 17, 21 en adelante).

    Con respecto a las citas de Gálatas y Hechos que usted hace, entiendo que haya desacuerdo entre los primeros cristianos (¿cómo no iba a haberlos?), pero no con respecto a lo que creían, a verdades de fe, sino en cuestiones menores. En la cita de Gálatas Pablo simplemente reprende a Pedro por una actitud equivocada que tuvo. En Hechos 15, 36-41, Pablo y Bernabé están en desacuerdo sobre llevar o no a Juan. No están discutiendo si Jesús resucitó o si Él es realmente Dios o si deben confesar sus pecados, etc. En el pasaje disienten en cuestiones menores. Estos desacuerdos aparecen en todas las instituciones humanas, como en la Iglesia primitiva. Pero toda la Iglesia primitiva compartía una sola fe. Por eso Pablo, por ejemplo en su primera carta a los Corintios (1 Cor 1, 10 en adelante, en mi comentario cité este pasaje), les dice a aquellos cristianos:

    Os conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio. Porque, hermanos míos, estoy informado de vosotros, por los de Cloe, que existen discordias entre vosotros. Me refiero a que cada uno de vosotros dice: “Yo soy de Pablo”, “Yo de Apolo”, “Yo de Cefas”, “Yo de Cristo”. ¿Esta dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? [...]

    Teniendo en cuenta todo lo dicho antes (ambos post y todos los comentarios que hice), yo creo que la Iglesia primitiva era una sola y no había divisiones en cuestiones de fe. Si Jesús les dijo a los apóstoles que Él es el Camino, la Verdad y la Vida, o que, supongamos, ellos tienen poder para perdonar los pecados (Jn 20, 22-23), o lo que sea, no me imagino a los apóstoles predicando estas cosas y aceptando de los otros cristianos opiniones contrarias sobre estas cuestiones de fe. Y como mencioné en mi comentario, las herejías aparecidas en los primeros siglos, son una prueba (desde mi punto de vista, claro está) de que la Iglesia se alzaba en contra de enseñanzas erróneas.

    Estoy de acuerdo en que las distintas iglesias protestantes, como usted dice, colaboran entre sí para la organización de eventos y son muchas veces un ejemplo de fraternidad, ya que soy testigo de ello. Si bien nunca he asistido a un culto evangélico, sí he participado en eventos musicales, con enseñanzas muy enriquecedoras. Usted me mal entiende si piensa que no considero cristianos (con todo lo que esta palabra significa) a los que no comparten mi fe católica.

    Por eso, contrastando con la respuesta que usted supuso que daría ante sus datos del crecimiento de las comunidades protestantes, me alegra realmente que haya cada vez más cristianos, personas que conozcan a Cristo, que tengan una moral y valores a seguir, honradas y que practiquen buenas obras. Por supuesto que vamos a disentir en muchas cosas, pero creo que compartimos lo esencial, y todos tenemos la responsabilidad de cambiar la sociedad, y más siendo cristianos.

    Claro que esto no significa que esté de acuerdo con su punto de vista con respecto a la multiplicidad de denominaciones cristianas. A diferencia de usted, no lo veo como una virtud, sino todo lo contrario. Tanto católicos como protestantes (y también ortodoxos) coincidimos en creer que la Biblia es Palabra de Dios, y por lo tanto, infalible e inerrante. Ahora bien, imagínese un observador imparcial, que ve que todas estas denominaciones afirman esto de que la Biblia es Palabra de Dios, infalible, inerrante, sagrada… pero no se ponen de acuerdo entre sí en qué interpretación darle a los textos. La conclusión de ellos, y con toda razón, es muy negativa. Esto me ha pasado con amigos y familiares, y son dudas y preguntas totalmente válidas y obvias. O sea, si de un texto infalible se pueden sacar interpretaciones dispares y todas son, si tenemos en cuenta el principio de Sola Scriptura y el del libre examen, igualmente válidas en potencia, ¿dónde queda la infalibilidad de las Escrituras?

    Por esa razón yo creo, como lo intenté explicar en mis comentarios, que la Biblia como texto sagrado e infalible, necesita una interpretación igualmente infalible, y ésta corresponde a la de la Iglesia, columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15). Por eso sostengo que la Biblia, sin una interpretación infalible, no dice nada: ¿de qué nos sirve un texto infalible sin una interpretación infalible? Como se pregunta Luis Fernando Pérez Bustamante:

    … ¿de qué nos vale que la Biblia sea inerrante y sin error si luego somos incapaces de ponernos de acuerdo sobre la naturaleza de la salvación, del bautismo, de la relación entre gracia fe y obras, etc, etc? Si el mismo valor tiene lo que pueda opinar Lutero (un protestante) que Zwinglio (otro protestante) acerca de la presencia real de Cristo en la Eucaristía; si el mismo valor tiene lo que enseñan los calvinistas (protestantes) que lo que creen los arminianos (protestantes) sobre la predestinación y salvación de los santos; si el mismo valor tiene lo que crea un bautista (protestante) sobre el bautismo de niños que lo que practica un luterano (protestante); si, en definitiva, todas esas interpretaciones tienen el mismo valor porque se jactan en apoyarse únicamente en la única e infalible Biblia, ¿en qué lugar queda la credibilidad de esa Biblia?

    Verdad y certeza de nuestras creencias

    Si estoy dispuesto a discutir con usted sobre los argumentos que tenemos para creer lo que creemos, es porque cuando leo sus palabras y argumentaciones en las que usted se apoya para fundamentar sus creencias, lo que hago es suponer que mis argumentos pueden ser incorrectos. O sea, cuando usted dice “Esta uniformidad de pensamiento y de métodos, no existía ni siquiera en la iglesia primitiva” yo supongo que mis creencias al respecto (que son contrarias) pueden estar mal argumentadas y eventualmente ser falsas. Entonces me dispongo a leer lo que usted dice, relacionarlo con mis argumentos, compararlos, y sacar una conclusión. Si de entrada pensara que usted está equivocado, entonces no habría un diálogo franco, sería un monólogo.

    Ahora bien, si yo tengo mis argumentos para creer en lo que creo, pero siempre pienso que tal verdad de fe, digamos, que Jesucristo es Dios, es probable o incierta, entonces en realidad no tengo fe. La fe es la certeza de realidades que no podemos ver (Hebreos 11, 1) y es un don de Dios. No viene de la razón, aunque como ya dije, hay muchas razones para creer. Esto es lo que quise decir en la última parte de mi comentario, y pensé que usted lo iba a compartir.

    No entiendo bien a qué se refiere con “buscar acercarnos a la verdad como si esta fuese un límite matemático”. Así que le pediría que me lo explique mejor así podemos, si le parece, continuar la discusión sobre el tema.

    Leyendo sus últimas palabras, pareciera que si no comparto sus creencias entonces soy un intolerante y estoy equivocado. Si no me equivoco en pensar esto acerca de lo que usted ha querido transmitir con ellas, es contradictorio. Si usted pertenece a tal denominación, supongo (apoyándome en sus propias palabras de que no considera a todas las religiones igualmente verdaderas) que esto es así porque considera que perteneciendo a la misma, usted está más cerca de la verdad sobre Cristo y sus enseñanzas. De la misma manera, yo considero que mi religión tiene algo más de verdadero que las otras, por eso pertenezco a ella, por eso soy católico.

    Esto no me hace, nuevamente lo repito, intolerante a los que piensan distinto a como yo lo hago. No hace que me sienta superior a otros porque la fe, como ya dije, es un don de Dios, no algo que se alcanza con méritos propios. No hace que imponga mi fe a los demás ni que menosprecie las creencias de otros. Cada uno es libre de creer lo que quiera, apoyándose en los argumentos que crea verdaderos para llegar a esa conclusión. Cada uno creerá estar más cerca de la misma perteneciendo a una religión determinada, o no perteneciendo a ninguna. Pero eso no significa que todos tengamos la razón y estemos en lo cierto.

    Creo que la Biblia no es la máxima autoridad, sino la Iglesia. Creo que ésta Iglesia que Cristo fundó es una institución visible, que se puede señalar con el dedo, que tiene una jerarquía, y que entendiendo bien el dogma de la Infalibilidad de la misma, puede interpretar sin error las Escrituras. Creo que ésta Iglesia que Jesús fundó subsiste hoy en la Iglesia Católica Apostólica Romana, y que escucharla a ella es escuchar a Cristo mismo (“Quien a ustedes escucha, a mí me escucha…” Lucas 10, 16).

    Como comentario aparte sobre la afirmación anterior, la Iglesia Católica usa la palabra subsiste y no es porque reconoce la vida eclesial de otras comunidades cristianas, “en las que se encuentran importantes elementos de verdad y bondad [...] Estos u otros elementos de la Iglesia existen realmente, con su fuerza salvadora, en las comunidades cristianas no católicas; y puede ser que, a veces, hayan estado “más eficazmente puestos de relieve” en ellas”.

    Y como comentario final aquí, no vaya a creer que no soy consciente de las consecuencias de afirmar la existencia o posibilidad de conocimiento de la verdad, actitud tachada de fundamentalista, en una sociedad “moderna”, “plural” y “abierta” que afirma que la verdad es relativa, que depende de cada uno y que de esta forma somos más “tolerantes”, aunque, paradójicamente, ésta parece ser la verdad absoluta que tenemos prohibido refutar.

    Reflexión personal

    Creo que un diálogo franco nos puede ayudar a ambos a entender bien las creencias del otro, y en muchos casos a desmentir falsedades que se dan en el entorno de cada uno sobre la realidad del otro. Por ejemplo, el padre Miguel Fuentes, en uno de sus libros, afirma que lo han convencido los testimonios de ex protestantes convertidos al catolicismo, “que un gran número de protestantes que sienten profundo rechazo por las enseñanzas del catolicismo, combaten un fantasma, achacándole a la Iglesia católica afirmaciones y doctrinas que Ella jamás ha sostenido, e incluso doctrinas que ella misma ha condenado en solemnes pronunciamientos (como es el caso de la adoración de las imágenes, del falso culto a los santos, de una mediación no subordinada de María, etc.)”.

    Por eso en varias cuestiones que toqué en este comentario, me queda la impresión de que en el fondo usted probablemente no termine de entender a lo que me refiero con, por ejemplo, la infalibilidad de la Iglesia en la interpretación de las Escrituras, y se imagine algo como que toda palabra salida de la boca del Papa no tiene error, lo cual es contrario al dogma.

    Como ya lo mencioné antes, yo no veo como objetivo de toda esta discusión el de imponer y convencer al otro. A mí personalmente me ayudó, a partir de sus comentarios, a profundizar más en mi fe, a entenderla mejor, y a estar más seguro de ella. Si lo mismo sucedió con usted y su fe evangélica, entonces esto está funcionando.

    Por otro lado, también me ayuda a entender la fe evangélica. Hay puntos en los que no nos vamos a poner de acuerdo porque disentimos en otras cuestiones que los condicionan, y no tiene sentido, como dije antes, llevar la discusión al infinito. Por eso me parece importante entender el punto de vista del otro, que es distinto al mío, para comprender correctamente sus conclusiones. Por ejemplo, su postura de ver la multiplicidad de denominaciones como una forma para que más personas conozcan a Cristo.

    Es por eso que dejé para esta parte de mi comentario la opinión que me pide sobre las disposiciones de los Concilios de Tolón y de Trento. Primero, que antes de juzgar un hecho de hace varios siglos, hay que ubicarse en el contexto histórico si no queremos ser injustos. Por otra parte, si las juzga a partir de sus creencias evangélicas, obviamente que no va a estar de acuerdo. Si yo juzgo a Martín Lutero por lo que hizo, concluiré negativamente.

    El punto es que si bien disentimos en varias cosas y tenemos nuestros propios puntos de vista, creo que no podemos juzgar sólo de esta forma las creencias de la otra parte, porque esto justamente llevaría a la intolerancia. Si bien no estoy de acuerdo con las consecuencias de la Reforma Protestante (aunque sí de la necesidad de una reforma en ese entonces), creo que no puedo quedarme sólo con este juicio sin entender que sus iniciadores, sinceramente preocupados, viendo el estado deplorable de la Iglesia Católica en ese tiempo, estaban convencidos de que era necesario un cambio, creían que estaba bien la forma que le habían dado al mismo, y que era lo mejor para seguir expandiendo el Evangelio.

    Y por parte de un protestante, que tiene sus motivos para no compartir que en la Eucaristía se lleve a cabo el milagro de la transubstanciación, o que el sacerdote tiene poder para perdonar los pecados, tampoco debería existir, pienso, sólo éste juicio, sino entender que el católico, que cree en Cristo como él, también tiene sus argumentos, y piensa que de esa forma está más cerca de Cristo. Si pensamos que el otro, que tiene creencias distintas a las mías, ama a Cristo y busca estar cerca de él y sus enseñanzas, entonces ésta ya es una gran razón no sólo para comprenderlo y respetar su fe, sino para tenerlo por hermano.

    Yo personalmente creo que estos temas hay que hablarlos. Exponer nuestros argumentos para que personas de buena voluntad los puedan leer y enriquecerse.