He aquí por qué la juventud es poco a propósito para hacer un estudio serio de la ciencia que trata de las relaciones entre las personas, puesto que no tiene experiencia de las cosas de la vida, de las cuales trata precisamente la ciencia de las relaciones entre las personas y de las que deduce sus teorías. Debe añadirse que aquella juventud que sólo escucha la voz de sus pasiones, en vano oiría tales enseñanzas, y ningún provecho sacaría de ellas, puesto que el fin que se propone la ciencia que trata de las relaciones entre las personas, no es el simple conocimiento teórico de las cosas, sino que tiene, ante todo, un fin práctico.
Cuando digo juventud quiero decir lo mismo la juventud del espíritu que la juventud de la edad, sin que bajo esta relación haya diferencia, porque el defecto que yo señalo, no tiene que ver con el tiempo que se ha vivido, sino que se refiere únicamente al que se vive bajo el imperio de la pasión, sin dejarse guiar sino por ella en la prosecución de sus deseos. Para los espíritus de este género, como para todos aquellos que a consecuencia de algún exceso han perdido el control de sí mismos, el conocimiento objetivo de las cosas es completamente infecundo.
Por el contrario, los que arreglan sus deseos y sus actos solamente según la razón, pueden aprovechar mucho en el estudio de la ciencia de las relaciones entre las personas.
Aristóteles
Ética a Nicómaco
Libro I, capítulo 1
